domingo, 14 de mayo de 2017

SIETE GATILLAZOS



La atmósfera se hallaba tan cargada
que el aire ni a moverse se atrevía;
llegaba a su final la madrugada
y un hombre cuyo nombre no conviene
citar por discreción, se consumía
charlando atormentado con su pene:

-“Levántate traidor, asoma el morro
y ponte a trabajar como es debido
o juro como hay Dios que a hostias te corro…”
Mas eran ya seis horas de intentonas
y ni un sólo centímetro ascendido
en salva parte alguna de sus zonas.

La chica, retirando un par de nalgas
magnánimas de enfrente de ese lelo,
bramó: -“Cierra la puerta cuando salgas
y no vuelvas jamás por estos lares
con ese carcamal mirando al suelo
que da menos calor que los glaciares…”

-“De aquí no salgo yo hasta haberte dado
lo que he venido a darte, zorra mía;
mis siete gatillazos son pasado,
regresa al catre y ven que copulemos
pues esta embarcación sin rumbo mía
ya vuelve a izar el mástil. Ven, podemos…”

Mas fue no más brotar las nalgas esas
de nuevo entre las faldas del jumento
buscando a sus espaldas cosas tiesas,
y darle por batirse en retirada
de nuevo a aquel paupérrimo instrumento
sexual sin atributos para nada.

-“Ahora sí que estoy por irme yendo
-gimió el hazmerreír con voz de pato-,
¿pa qué seguir sin armas combatiendo?”
Después mintió por whatsapp a su esposa:
-“Qué lata los negocios…” cogió el hato
y puso ambos dos pies en polvorosa…

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SIETE GATILLAZOS

La atmósfera se hallaba tan cargada que el aire ni a moverse se atrevía; llegaba a su final la madrugada y un hombre cuyo nombre ...